A ANDREA NO LE GUSTA COMER
Andrea revuelve la comida en el plato. Una bola que se pasa de un carrillo a otro.
Su madre: - ¡Pero come ya! Andrea - ¡no tengo hambre!, La madre: - Lo que se saca a la mesa se tiene que comer. Andrea: - No puedo más La madre: - ¿Es que voy a tener que dártelo como si fueras un bebé? Vamos, un bocado por mama…. ¡Anda, traga ya! Andrea: ¡No puedo, no puedo! Solloza y se va corriendo a su cuarto
La hora de la comida es un momento muy importante en la interacción familiar, desde que el niño nace, alimentarse no solo consiste en adquirir los nutrientes para el desarrollo personal. En ese momento se produce un intercambio afectivo, hay un lenguaje, verbal o no verbal que apunta en una dirección.
Aparece la preocupación de los padres por las dificultades que tiene el hijo o la hija para comer, y de ella se deriva una actitud hacia esa situación , el niño percibe esa actitud.
En esta ocasión, parece que Andrea no tiene hambre, y su madre se empeña en que coma, pero no lo consigue, la tensión aumenta considerablemente, ante lo cual expresa su malestar colocando a Andrea en el lugar del bebé y ante esto, Andrea sale corriendo.
Se observa claramente como se sienten madre e hija. El ritmo de los niños es diferente al de los padres en las diferentes rutinas de la vida. Aquello que parece ser importante para uno, no lo es para el otro.
Comer es necesario, el sentimiento de hambre es algo interno, que al niño le surge de forma natural, si tratamos de regularlo externamente, seguiremos nuestro ritmo y no el del niño, aspecto que es importante respetar. Para que el niño sepa detectar por las señales de su propio cuerpo, cuando tiene hambre, y cuando no puede comer más.
Es cierto, que no todos los niños son iguales, existen muchas diferencias entre unos y otros, no todos tienen la misma energía, temperatura, madurez….. entre otros.
Es cierto que existe un menú, un horario de comidas, y unas rutinas a las que hay que acostumbrar al niño, poco a poco hay que ir avanzando en esta aventura.
Se necesita poner límites, entre lo que se debe y no se debe hacer, pero observando al niño, conociéndolo, para poder considerar sus necesidades desde el propio niño, no desde el adulto. Lograr el equilibrio, es complejo.
En este caso hablamos de la comida, la viñeta de Adriana es un ejemplo, un punto en el que se observa el reflejo de como fluyen las emociones ante la negativa de Adriana a comer más. Madre e hija sienten un gran malestar. La comida se convierte en un conflicto ,¿qué está en juego para llegar a ese punto?, esto varía de unas familias a otras, influyen variables diversas: como se percibe la autoridad, la estima personal de los propios padres, los valores que uno tiene acerca del concepto de alimentación, etc.… Podríamos seguir pensando largamente porque cada familia es diferente
Como padres, debemos responder a esa pregunta, y relativizar la respuesta si esta es muy rígida.
La chaqueta, hecha un lío tirada en la cama, la mochila de patinar, en el suelo, los zapatos, desperdigados por el recibidor, los juguetes en la cama, en la sala y hasta en la cocina. ¡Ordena tus cosas! – dice su padre enfadado- ¡Todo esto, fuera de aquí! A cada paso se tropieza uno con algo tuyo. Por si no tuviera ya bastante trabajo. Este desorden no se puede aguantar. ¿Cuántas veces hay que decírtelo? ¡A ver si me haces caso!
Lucía no entiende porque se enfada su padre, recoger las cosas le parece una tontería y una pérdida de tiempo. ¿Para qué voy a recoger las cosas si después tengo que volver a sacarlas? ¡Que lata! Piensa con impaciencia.
No tengo ganas de ordenar esto. Hay cosas más importantes que hacer.
Cuando su padre ya no puede más es él quien recoge los juguetes.